¿EXISTIÓ JESÚS REALMENTE?

A lo largo de la historia de la investigación reciente sobre Jesús ha surgido repetidas veces esta pregunta. Sobre todo a finales del siglo XVIII, en el XIX y a principios del XX diversos autores han negado rotundamente la existencia de Jesús partiendo de una crítica radical de los Evangelios, en especial de sus divergencias y contradicciones.

Los autores que defienden la no existencia de Jesús explican el surgimiento de los Evangelios como un intento consciente y engañoso de dar cuerpo a un mito. Es decir, se piensa que se ha construido una persona artificial a partir de un mito religioso y se ha difundido como historia fraudulenta, en este caso por parte de los evangelistas. Como prueba principal de la realidad de este proceso de historificación de un mito, aparte de la mencionada crítica radical a los textos evangélicos y a sus fallidas pretensiones históricas, se suele aducir la ignorancia casi completa que muestra Pablo de la vida terrena de Jesús: de él apenas sabe decir nada, salvo la instauración de la eucaristía, y la mención de su muerte y resurrección.

A partir de los años veinte del siglo pasado, sin embargo, la postura general de la crítica cambió radicalmente. Desde entonces no se considera científico negar la realidad histórica de Jesús debido a la cantidad de pruebas directas o indirectas sobre su existencia, sino que se acepta ésta como un hecho más del pasado, a la vez que se afirma que una cosa es la mera existencia histórica del personaje y otra su interpretación. Los argumentos principales para admitir que Jesús existió históricamente son los siguientes:

  1. Historiadores externos al cristianismo, absolutamente fiables, dan testimonio de la existencia histórica de Jesús. Los textos pertinentes son: a) Tácito, Anales 15, 44, 3: Jesús, llamado Cristo, «había sufrido la pena de muerte bajo el reinado de Tiberio, tras haber sido condenado por el procurador de Judea Poncio Pilato». b) Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos 20,20, menciona el asesinato de Santiago, «hermano de Jesús llamado Cristo»; Antigüedades 18,63, el llamado «Testimonium Flavianum» sobre la existencia y valoración de la persona de Jesús:

«Por este tiempo [el de Pondo Pilato: 26-36 d.C] vivió Jesús, un hombre sabio si es que realmente hay que considerarlo un hombre. Porque él realizó hazañas sorprendentes y fue maestro de un pueblo que aceptó gozosamente la verdad. Atrajo a su causa a muchos judíos y griegos. Él era el mesías. Cuando Pilato, después de haber oído que era acusado por los hombres de más elevada posición entre nosotros, lo condenó a ser crucificado, los que anteponían el amor a él a todas las demás cosas no dejaron de amarlo. Al tercer día se apareció a ellos resucitado, porque los profetas de Dios habían anunciado éstas y otras incontables maravillas sobre él. Y la secta de los cristianos, así llamados después de él, no ha desaparecido hasta hoy».

Tito Flavio Josefo, también conocido por su nombre hebreo José ben Matityahu o Josefo ben Matityahu, fue un historiador judío fariseo, descendiente de familia de sacerdotes.
Tito Flavio Josefo, también conocido por su nombre hebreo José ben Matityahu o Josefo ben Matityahu(n. 37-38 – Roma, 101), fue un historiador judío fariseo, descendiente de familia de sacerdotes.

Ciertamente este texto ha sido manipulado e interpolado por los copistas cristianos de la obra de Josefo, pues sugiere que éste era cristiano, cosa absolutamente impensable. Pero muchos investigadores lo han estudiado a fondo llegando a la conclusión de que de él se puede deducir críticamente lo siguiente: existió un cierto Jesús de Nazaret, hombre sabio, que dicen que realizó portentos y que vivió en tiempos de Pilato. Éste lo condenó a la muerte en cruz, c) Talmud de Babilonia, Sanedrín 43a: Jesús fue ajusticiado por haber actuado como «seductor del pueblo».

  1. Se nos ha transmitido un conjunto grande de textos cristianos antiguos cuyo centro es Jesús. Entre ellos destacan Pablo de Tarso —que contiene más datos sobre Jesús de lo que parece— y en especial los cuatro Evangelios canónicos y sus fuentes o antecedentes. Algunos de estos textos son muy antiguos y cercanos a la vida del personaje. Por ejemplo, las cartas de Pablo, atestiguan la existencia de una tradición sobre Jesús que data de los años 40/45, por tanto bastante cerca de los momentos de la muerte de éste. Aunque los escritos cristianos se manifiesten como obras de seguidores de Jesús, negar la existencia histórica del personaje central de ellas presenta muchísimas más dificultades que admitirla. El caso de Jesús es similar al de otras figuras un tanto problemáticas de las que está llena la historia antigua y de las que afirmamos su existencia porque de ellas nos hablan los textos transmitidos. La crítica bíblica de hoy considera razonable e incluso perentorio aceptar la existencia histórica de Jesús, aunque se admita que su vida haya podido luego ser moldeada por leyendas o interpretaciones teológicas de sus seguidores.
  1. Los textos del Nuevo Testamento hacen alusión a muchas figuras históricas comprobables por documentos externos al cristianismo: Juan Bautista, Poncio Pilato, Herodes Antipas, relacionados todos con Jesús.
  1. La existencia misma del cristianismo. Sin Jesús éste no tendría sentido históricamente. Sería necesario montar innumerables teorías —más llenas aún de dificultades— para explicar el nacimiento de un cristianismo, lleno de tradiciones alusivas a un pasado reciente, sin Jesús.

 

Fuente de información: Piñero, Antonio (2006). Guía para entender el nuevo testamento. Madrid, Editorial Trotta.

Cristo en la Historia

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