El estado marital de Jesús

Los Evangelios guardan completo silencio respecto al estado marital de Jesús. No hay esposa que le acompañe en su carrera pública ni, en realidad, que permanezca en casa, tal como las esposas de sus seguidores debieron hacer. Esta situación es lo bastante insólita en el antiguo mundo judío como para exigir una investigación más detallada, pues la Biblia hebrea, si bien prescribe una abstinencia sexual temporal en determinadas circunstancias, jamás prescribe una vida de celibato total.

Empezaremos diciendo que, en la época de Jesús,  la participación en cualquier acto de culto entrañaba abstención de relaciones sexuales  pues se consideraba causa de impureza ritual que se prolongaba hasta el anochecer siguiente. En consecuencia, los sacerdotes del Templo y los fieles ordinarios que participaban en el culto estaban obligados a regular cuidadosamente su vida sexual.

Por el contrario, la secta de los esenios, pese a que en los textos que nos ha legado, no incluye expresamente la renuncia al matrimonio,  parece ser que habían instituido el celibato, quizás para estar siempre en condiciones de participar en el culto.

Según afirman historiadores de la época, se admitían niños en la secta, por lo cual podemos deducir que, entre algunas comunidades al menos, el celibato puede haber sido de por vida.

Sin embargo, considerando la notable diferencia entre la espiritualidad de Jesús, y el ascetismo ritual de los esenios, es improbable que fuese la influencia de éstos la que inspirase a Jesús su propia postura. De más utilidad nos será, sin embargo, un análisis de las tradiciones que sobreviven en la literatura rabínica respecto a la incompatibilidad de matrimonio y profecía.

Según el Talmud, Moisés decidió libremente dejar de cohabitar con su esposa tras oír la llamada de Dios. Pensó que si los israelitas, a los que el Señor habló sólo una vez y brevemente, habían recibido orden de abstenerse temporalmente de sus mujeres, él, en continuo diálogo con el Cielo, debía mantenerse permanentemente casto.

La antigüedad de la tradición, y su segura existencia en la época de Jesús, pueden deducirse del uso que Filón (20 a.C. – 50 d.C.)  hace de ella. El sabio alejandrino afirma que para hacerse puro, Moisés se limpió de:

todos los apetitos de la naturaleza mortal, alimento, bebida y relación con mujeres. De esto último ya había prescindido hacía tiempo, casi desde la época en que, poseído por el espíritu, inició su misión profética, pues consideraba que debía mantenerse constantemente preparado para recibir los oráculos”.

Considerando este elemento básico de la concepción judía del siglo primero d.C, es decir, que el destino profético implicaba entre otras cosas vida de continencia, el que Jesús abrazase voluntariamente, al parecer, el celibato, en principio desde la época en que recibió el santo espíritu, resulta históricamente significativo.

Debido a una falta total de datos, su situación sexual antes de que Juan le bautizase, y la significación de un posible celibato perpetuo, debe permanecer al margen del campo de la investigación histórica concreta.

Fuente: G. Vermes, Jesús el Judío, Muchnik Editores S.A., Barcelona, 1977.

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