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Pablo y sus cartas

San Pablo es, sin duda alguna, la figura más relevante del cristianismo primitivo y el gestor de una nueva mentalidad en la Iglesia.

Nace en Tarso de Cilicia entre los años 5 y 15, de la tribu de Benjamín, siendo así ciudadano romano por nacimiento. Estudia en Jerusalén con el gran maestro Gamaliel y abraza el partido fariseo. Asiste años después al martirio de Esteban y se transforma en animoso perseguidor de los cristianos.

En el año 36 descubre a Cristo en el camino de Damasco y es elegido por el Espíritu como apóstol de los paganos y luz de los pueblos. Luego de vivir un tiempo en el desierto de Arabia, predica en Antioquía hasta que en el año 45 es elegido con Bernabé para realizar el primer viaje misionero por las regiones cercanas de Asia Menor (45-49).

En el 49 asiste al «Concilio de Jerusalén» con Pedro, Santiago (el pariente del Señor), Juan y otros, y es confirmado como apóstol de los paganos, superándose provisionalmente la crisis por la apertura a los mismos.

En su segundo viaje (50-52) evangeliza Galacia, Macedonia y Grecia fundando importantes comunidades (Filipos, Tesalonica, Corinto, etc.).

A esta etapa pertenecen sus primeras cartas (primera y segunda a los tesalonicenses).

Entre los años 53 y 58 realiza su tercer viaje evangelizando sobre todo Éfeso y recorriendo las comunidades de Macedonia y Grecia, mientras realiza una importante colecta para los cristianos de Jerusalén.

Escribe las importantes cartas a los corintios, gálatas, romanos y posiblemente a los filipenses.

En el 58 es hecho prisionero en Jerusalén y permanece en la cárcel hasta que apela al César. Un viaje marítimo lleno de peripecias lo lleva hasta Roma donde llega en el 60. Allí Predica bajo vigilancia hasta que es sobreseído a los dos años. Escribe las cartas a los colosenses, efesios y a Filemón.

Según la tradición, ya libre en el 63, posiblemente realiza su viaje a España recorriendo luego las comunidades de Asia Menor, Macedonia y Grecia, mientras escribe las cartas a Timoteo (la primera) y a Tito.

En circunstancias desconocidas se lo toma preso y se recluido en Roma, escribiendo la segunda carta a Timoteo. Es, finalmente, ajusticiado fuera de las murallas de la ciudad, en el 67.

A través de los Hechos de los apóstoles y de las epístolas, Pablo se nos muestra como un hombre de temperamento apasionado, religioso y místico, pensador profundo, abnegado, tierno y por momentos duro, sincero, audaz y cerebral. Su figura es prototipo de la nueva Iglesia: síntesis de la cultura semita y de la griega.

El pensamiento de Pablo lo tenemos, amén de los discursos de los Hechos de los apóstoles, sobre todo en sus epístolas o cartas.

Son escritos ocasionales que, además de resolver cuestiones planteadas en las comunidades, y de darnos interesantes datos sobre la vida de las mismas, le permiten a Pablo presentamos su visión sobre Cristo, la Iglesia y la vida cristiana.

Todas sus ideas giran en torno a Jesucristo, el Señor, muerto y resucitado, que nos llama a la fe por medio de la cual obtenemos la salvación.

Entre otros temas insiste en la caducidad del judaísmo, de sus normas, prácticas y culto; en la obra del Espíritu de Cristo que renueva al hombre; en la expectación de la segunda venida de Cristo y de la resurrección; en la santidad cristiana expresada fundamentalmente por el amor y, finalmente, en la fidelidad a Cristo y a su único Evangelio abierto a todos los pueblos.

La tradición le atribuye 14 epístolas, si bien hoy se descartan la de los hebreos y la de los efesios, y se duda de las «pastorales»; mas nada impide pensar que quienes las redactaron se inspiraron en la temática de Pablo.

Aconsejamos leer las cartas en su orden cronológico para seguir más de cerca la evolución del pensamiento paulino.

Recordamos que las cartas son escritos anteriores a los Evangelios, a excepción del libro de Marcos que, según algunos estudiosos, sería contemporáneo de las cartas primeras.

Es útil tener en cuenta que el estilo literario de las cartas de Pablo no siempre es simple y fácil, particularmente cuando aborda temas doctrinales. A menudo es un tanto complicado y hasta confuso, abundando en paréntesis explicativos y neologismos cuyo significado exige cierto esfuerzo de interpretación.

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